Emociones, contexto y fe
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Escribir lo que sentimos no es solo un acto personal, también es un acto social.
Desde la psicología, sabemos que nuestras emociones no nacen aisladas: se forman en la familia, en la cultura, en lo que se espera de nosotros y en lo que aprendimos a callar.
Muchas veces no hablamos lo que sentimos porque “no se debe”, porque no está bien visto, porque aprendimos a ser fuertes en silencio. Ahí la escritura toma importacia: poner en palabras lo que el entorno nos enseñó a callar.
La fe entra como un espacio seguro. Frente a Dios no hay normas sociales que sostener ni máscaras que usar. Escribir desde la fe no es fingir lo correcto, es presentarse tal como uno está. La oración escrita rompe la presión social del “tengo que estar bien” y abre la posibilidad de ser honestos.
Cuando escribimos lo que sentimos delante de Dios, no solo ordenamos el corazón, también resignificamos nuestra historia. Lo que fue vergüenza se vuelve proceso, lo que fue dolor se vuelve testimonio, y lo que fue silencio empieza a sanar.
La psicología nos recuerda que somos parte de un contexto.
La fe nos recuerda que no estamos solos en él.
Y la escritura se transforma en un puente entre lo que vivimos, lo que creemos y lo que estamos sanando.
Mona Limón.